Cómo un negocio agrícola “de toda la vida” se volvió digital en plena pandemia

Hay negocios que nacen en una servilleta de Starbucks. Y hay otros que nacen en la tierra, con las uñas llenas de barro y el corazón en la tradición. Saxon Trading Group es de estos últimos. Café, frutas, verduras… y mucha historia detrás.

Andrés Fernández, su líder, tenía claro que lo suyo no era una moda pasajera. “Somos productores de café desde hace dos generaciones”, dice. Que suene sencillo, pero eso lleva más trabajo que montar un coworking con cafetera premium y un par de frases en inglés en la pared.

Pero claro, llega la pandemia. Y el mundo se digitaliza a la velocidad con la que se acaban los aguacates en el brunch del domingo. O te mueves o te quedas comiendo polvo (o en este caso, sin vender ni un grano).

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El problema: no era el producto, era la desconexión


Producían. Sabían lo que hacían. Pero no sabían cómo venderlo online. Y no, no se trata de “hacer unos post en Instagram”. Se trata de tener una presencia digital con cara y ojos. De esas que no te dan vergüenza enseñar en una reunión.


“Andábamos perdidos. No sabíamos cómo funcionaba lo de vender en línea. Ni siquiera sabíamos que había que tener una web”.


Sí, así de crudo. Y así de común.


El punto de quiebre: la pandemia les tocó la puerta.


Ya llevaban un tiempo con Dongee, pero fue en pandemia cuando dejaron de verlo como proveedor para verlo como aliado. Porque una cosa es pagar por una web. Y otra muy distinta es entender que ahí te estás jugando parte del futuro de tu empresa.


Y entonces llegó lo que en otros negocios parece ciencia ficción: soporte técnico que responde. Que hace seguimiento. Que se preocupa. Andrés lo resume fácil: “Se abre un caso y contestan en una o dos horas. Y te llaman después para ver si funcionó”.


Vamos, lo contrario a los mails de “gracias por tu consulta, te responderemos cuando Júpiter se alinee con Marte”.


El resultado: una web que no es decorado, es herramienta


No montaron un sitio para decir “tenemos web”. Lo montaron para vender, para mostrar, para generar confianza. Hoy esa página les sirve como catálogo. Como argumento de venta. Como carta de presentación.


“Uno manda el link y la persona dice: ‘ve, sí me gusta’”. A partir de ahí, la venta fluye.


Y ahora van a por más. Van a por exportar café. Van en serio.


La lección final


Andrés lo deja claro con una frase que vale más que mil consultorías: “A perseverar y nunca desistir. Si no funciona el plan A, tiene que haber un B, un C, un D… pero el objetivo no se pierde”.


Porque digitalizar un negocio tradicional no es una moda. Es una forma de asegurarte que tu historia no se quede atrapada en el pasado.

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